El deporte sobrevive a la “Era intoxicada”

El deporte sobrevive a la “Era intoxicada”

El beisbol de Grandes Ligas ha estado inusualmente noticioso en esta época del año, cuando se aproxima el invierno. Y los titulares, lamentablemente, no sólo reflejan los esfuerzos que realizan los diferentes equipos para fortalecer sus rosters con miras a la próxima campaña, también cuentan de esteroides, engaños e incertidumbres.

Ciertamente, el San Francisco Chronicle la semana pasada destapó nuevamente el caso relacionado con la utilización de sustancias prohibidas entre las grandes estrellas del beisbol y reveló estremecedores testimonios ante un jurado federal en los que Jason Giambi y Barry Bonds quedaban vinculados con el uso de esteroides.

Este acontecimiento, visto por algunos como un golpe a la integridad del beisbol, es comparado con otros capítulos oscuros vividos por este deporte, como por ejemplo el escándalo de las llamadas “Medias Negras” de Chicago, en 1919; las apuestas ilegales de Pete Rose y la huelga de jugadores de 1994, que impidió la realización de la Serie Mundial por primera vez en casi 100 años.

Si esto es así, sería vergonzoso que jugadores como Bonds, Giambi y el propio Gary Sheffield hayan incurrido voluntariamente o no en este tipo de cosas, para estar acorde con las exigencias de los nuevos tiempos, pero sobre todo para rendir un esfuerzo mayor al que un ser humano en condiciones normales puede dar. ¿Qué razón tienen para ello?

Créalo o no, la respuesta a la pregunta anterior parece encontrarse en los dólares. Sin ir muy lejos, este trío de artilleros este año tenían contratos por un monto global de 42 millones 457 mil 702 dólares, repartidos de la siguiente forma: Bonds ($18,000,000), Giambi ($12,428,571) y Sheffield ($12,029,131), el primero con los Gigantes de San Francisco y los otros dos con los Yanquis de Nueva York.

Naturalmente, para corresponder a estos millonarios salarios por una sola temporada es probable que los jugadores se vean presionados y necesiten rendir al máximo para corresponder a esa montaña de dinero. En este punto comienzan a dar aparición personajes como Greg Anderson, personal trainer de Bonds, quien supuestamente fue la persona que se encargó de conseguir los esteroides a algunos peloteros.

El cuento se hace más escabroso cuando se conoce que los productos obtenidos por Anderson eran llamados “la crema” y “el claro” debido a su carácter de indetectable en los controles que tratan de rastrear este tipo de fármacos en el organismo de los atletas. El simple hecho de saber la forma como se referían a los esteroides lo hace parecer todo más ilegal.

De igual manera, tanto Giambi como Bonds sostuvieron hasta el final que no habían utilizado ningún tipo de medicamento para incrementar su rendimiento como jugadores de beisbol. El San Francisco Chronicle los puso al descubierto y la mentira en un país que te brinda la confianza luce como un pecado capital.

Desde el mismo momento en que se conoció que Giambi admitió ante un jurado federal que tomó esteroides, se ha dicho que los Yanquis buscarán rescindir de su contrato. Después de todo, el que fuera Jugador Más Valioso en la Liga Americana en la temporada del 2000 con los Atléticos de Oakland ha vivido un calvario desde que llegó a la “Gran Manzana”.

Giambi simplemente no fue el mismo pelotero después de caer en la seducción de los Yanquis y sus millones. Jugó con una lesión en su rodilla durante la temporada del 2003 y se perdió la mitad de la campaña 2004 por un parásito intestinal y con un tumor, afortunadamente no canceroso, que hoy se relaciona con los esteroides.

En este escándalo Giambi luce susceptible a convertirse en el “chivo espiatorio” de toda esta triste historia. Se trata de un estelar jugador que pudiera ser sujeto de sanciones como para dar el ejemplo. Sin embargo, no se mide de la misma forma a Bonds y tampoco los Yanquis parecen enfilar sus baterías en contra de Sheffield. Claro, éste último fue líder del equipo en jonrones (36), carreras anotadas (117) y empujadas (121), tras participar en 154 partidos.

Bonds, por su parte, está ubicado en una elite de jugadores. Dueño del récord de jonrones en una temporada (73 en el 2001) y el único hombre que en este momento luce capaz de superar la marca de cuadrangulares de por vida de Hank Aaron de 755, de la cual lo separan tan sólo 52 vuelacercas.

Lo cierto es que no hay nada definido, ni siquiera posibles sanciones a los deportistas, sobre este caso que no sólo toca la fibra del beisbol y que comenzó con una profunda investigación de la Agencia Estadounidense Antidoping (USADA), la cual en su oportunidad reveló que varios atletas del país habían dado positivo en un control antidoping por el consumo de una nueva sustancia que resultó ser un esteroide desarrollado por BALCO (Bay Area Laboratory Coperative).

Todo tan lamentable como los pasajes de una entrevista con el propio fundador de BALCO, Víctor Conte, dados a conocer por ABC y la revista de ESPN, en la cual éste aseguró haber visto a la estrella olímpica Marion Jones inyectarse en la pierna hormona de crecimiento humano, acusaciones rechazadas y desmentidas por los abogados de la atleta.

En lo que respecta al beisbol, inmerso en lo que se ha llamado la “Era Intoxicada” (conocida en inglés como Juiced Era), saldrá a flote como lo hizo en el pasado y como lo hará en el futuro.

En torno a muchas cosas sólo quedarán las dudas, demasiadas tal vez. Por ejemplo, cómo explicar el estallido de poder entre los bateadores de Grandes Ligas, que hizo superar dos veces (entre 1998 y 2001) la marca de jonrones en una temporada, cuando en un pasado libre de este tipo de suplementos transcurrieron 34 años antes de que Roger Maris pudiera superar el récord de 60 cuadrangulares de Babe Ruth.

Bueno, digamos que los atletas de hoy están mejor preparados que los de ayer.